viernes, 10 de diciembre de 2010

LAS GRANDES MINORÍAS

Lo que pienso
M i c a

Los anteriores análisis convergen en el eje de la representación de las minorías. Mismas que reinventan su realidad constantemente. Se alientan así mismas para continuar en pie de lucha. Se ha presentado en este espacio el análisis de un discurso del EZLN, del movimiento electricista promovido por el SME, y dos corridos revolucionarios. El eje central al que se alude es a la revolución que las minorías representan. Pero titulo el presente como “Las grandes minorías” puesto que, en los cuatro análisis anteriores, se puede apreciar que la unidad existente al interior de los movimientos es enorme. Son las “grandes minorías” no por su extensión si no por su trascendencia. Han sido movimientos en los que el país se divide en bloques, conformados uno por “los de arriba” y el otro por “los de abajo”.
            Lo vemos en la Revolución Mexicana (igual que en otros levantamientos), movimiento de hombres humildes, campesinos, gente pobre en materiales, pero verdaderamente ricas en espíritu. El anhelo de libertad e igualdad que tanto persigue la sociedad progresista en las ciudades, no se da en sus entrañas, si no en sus raíces. Es el pueblo empolvado, humilde, carente, despreciado e ignorado por las mayorías; la partícula en la que converge lo anterior y lo nuevo, nuestro pasado y nuestro futuro. Es el mismo que comenzó la revuelta por la tierra, el que se organiza en contra de las injusticias, contra los despidos masivos e ilegítimos, el que canta, baila y se anima para continuar la lucha. Aquel al que antes y ahora se le califica de insubordinado, de ignorante, de revoltoso. Ese pueblo continua en pie de lucha. Lo que cambia no es su interior, no son sus valores, no es su gente, solamente el contexto, pasan los años sobre él, pasan lideres en pro y gobernantes en contra, transcurren sexenios e ideologías,  pero se mantiene incorruptible. Unos lo tachan de tradicional y antiprogresista, pero le da igual, sabe que los valores que posee vienen desde sus antepasados, y que valen mucho más que las nuevas monedas o billetes verdes. Y aun cuando trabaje para tener dinero no ambiciona de más, solo pretende sobrevivir. Ha llorado en sus luchas, ha sufrido las derrotas y lamentado las victorias enajenadas. Pero se mantiene estoico y perpetuo. Es el pueblo humilde mexicano que en su minoría representa como el Aleph de Borges, ese punto minúsculo, pero entrañable, la partícula indivisible, el punto de convergencia de todo; la preservación de los anhelos, colores, ritmos, imágenes, sabores, olores…y valores auténticos de nuestro país. De todo cuanto fuimos, somos y seremos.

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